
La batalla de Barracas
El 22 de agosto de 1926 se proclamó Huracán como ganador del campeonato de 1925. Pero esa final con Chicago no fue un partido más, sino que fue el resultado de un encuentro lleno de incidentes en un año completo de anomalías.
Para 1925 anuncia Boca Juniors que realizará una gran gira por Europa y Huracán colabora con la causa al aportar al wing Onzari. Con un aspirante menos, todo indicaba que los candidatos al título serían Huracán, Dock Sud, Chicago, Temperley, El Porvenir y All Boys. Al cabo de la cuarta fecha tanto el Globito como los de Mataderos estaban parejos en la punta, situación que se repitió a lo largo del torneo con momentos en los que aventajó Huracán.
A falta de cuatro fechas, Huracán triunfa 1 a 0 ante los “carniceros” de Chicago. El gol lo hace Vázquez, en lo que para él es el gol más recordado de su carrera porque decía “si no empataba, Chicago salía campeón. Había que ganar y faltaban sólo once minutos. Hice la proeza y Huracán, luego de otros partidos, se clasificó campeón”. El Globito finalizó dos puntos arriba de los de Mataderos, que adeudaban 17 minutos de un partido suspendido que completó recién en junio de 1926 y que llamativamente lograron ganar para alcanzar en la cima a Huracán.
Los problemas comienzan cuando Boca regresa de la gira y disputa algunos partidos del campeonato, por lo que Natalio Botana, presidente de la Asociación Argentina, interpreta que las finales las deberían jugar Huracán, Chicago y Boca, los tres con chances de ser campeón. Es entonces cuando Huracán comunica que se pasará a la Asociación Amateurs si Boca juega las finales, pues no corresponde. Esto motiva la decisión de que la Asociación Argentina entregue a los xeneizes sólo el título de “Campeón de Honor”, que Botana renuncie a la presidencia para ser reemplazado por Cantoni y que se determine la final entre Huracán y Chicago en Sportivo Barracas.
Debido a la dilatación del encuentro, el partido del 22 de agosto no posee la concurrencia esperada. Huracán forma con Cereseto; Nobile y Pratto; Molinari, Juan Chiesa y Federico; Loizo, Gaztelú, Stábile, Ángel Chiesa y Onzari. Ya de entrada, a los cuatro minutos se produce el gol de Maure, para Chicago. Los del globito luchan con viento en contra, pero poseen mejor defensa en la presencia de Nobile y buen ataque en las corridas de Loizo y Onzari. El primer tiempo finaliza con un Chicago más homogéneo en el mediocampo, en los pies de Semino.
En la segunda etapa es evidente la superioridad de Huracán, aunque prontamente surge el juego mal intencionado, situación que el árbitro Celleri no sabe resolver ante amenazas y amagos de trifulca.
A los 15 minutos, el lineman Stévano se siente ofendido por insultos de la hinchada, por lo que pide al juez la suspensión del partido, pero este no lo ve. El juego continúa y Celleri le anula un gol a Varela por “offside”. En eso, Stévano corre hacia el juez para pedir garantías ante el asedio, pero Ángel Chiesa cree que corre para convalidar el gol, y lo putea. Stévano reacciona y le tira un puñetazo. Entonces, Onzari le aplica un puntapié al lineman, mientras Pratto lo golpea por atrás. Otra reyerta más, que finaliza tras largo rato con accionar policial.
El árbitro decide continuar como si nada hubiera pasado. Los de Chicago, en vistas de que no hay expulsiones tras el incidente, le solicitan al “referee” que conste en planilla que seguirían jugando bajo protesta, lo que Celleri acepta.
A los 18 minutos se produce el gol de Huracán, pues pese a la buena actuación del back Voltura logra empatar Stábile. Todo hacía presagiar un triunfo fácil del Globito, pero dos minutos después avanza el insider Varela buscando a Minalla y Cereseto se anticipa y contiene el balón, a lo que Varela lo acomete con violencia. Entonces Nobile corre para ajusticiarlo y el escándalo comienza otra vez. Celleri sólo cobra la infracción, pero Varela le exige la expulsión de Nobile y lo insulta, por lo que el juez lo termina expulsando a él. Entonces Chicago amenaza con retirarse del campo si no se reintegra Varela, aunque el back Locatti acuerda con Celleri para mandar a buscarlo de vuelta a Varela, quien se niega a regresar.
Huracán arrecia y el gol del triunfo es inminente, pero Celleri decide terminarlo a falta de ocho minutos. El juez anuncia que no quiere jugar el tiempo extra y que dará por finalizado el match porque observa hostilidad en el público. Se lo hace saber a los jugadores y por ello los de Chicago parten a los vestuarios para bañarse. Pero las autoridades de la Asociación Argentina presionan al árbitro para que continúe la lucha en el tiempo adicional. Los del Globito están de acuerdo, pero los verdinegros saben que están en desventaja numérica y argumentan que ya se cambiaron y que no volverán. Airadamente tildan de cobarde y cínico al juez. Opinan que el partido debería jugarse nuevamente pero como piensan desafiliarse, se van a conformar con ser los campeones morales.
Celleri ofrece quince minutos para que todos se cambien, mientras que el público que se estaba yendo del estadio se entera de la prolongación y vuelve. Sin embargo, al momento del silbatazo sólo un equipo estaba en cancha: Huracán. Y por ello, se da por finalizado el match.
¡Huracán es el campeón de 1925! A la parcialidad huracanense le queda un sabor agridulce, ya que se retira fastidiosa a pesar de ser campeona, pues deseaba festejar el título con un triunfo más clamoroso, ese que no pudo darse por abandono del adversario.
Pablo Viviani







