«Un tiempo y un andar largo que se han frenado»

Por Ricardo Sapia

Trabajador despedido y columnista de Huracán

 

Como si un día de todos estos en el inicio de mi vida laboral y profesional hubiera colocado un reloj de arena sobre la mesa y en una cuenta regresiva imaginaria lo diera vuelta para que granito a granito comenzara a caer de un lado al otro del mismo. Así, sin quedar nada en una de sus esferas, por llamarlas de algún modo aunque no sea precisamente ese nombre el que se le da, toda la arena ha pasado a estar en la otra mitad. En 23 años, ni una hora más ni una hora menos, el reloj se frenó. Fue de golpe. Impensado. Indigerible. Doloroso. Triste. Cuanto se pueda tener en la cabeza, cómo pueden accionar esas circunstancias en un ser de la noche a la mañana. En una mañana misma. Literal.

Ser uno de los despedidos (uno de los 65 de la Empresa) del Diario Deportivo Olé después de haber sido parte laboral y emocionalmente de ese espacio, por dos décadas y un puñado más, es sencillamente un trompazo al mentón. Sin anestesia.

Dejar de estar presente me significó muchísimas sensaciones, pérdidas, dudas y ausencias que se empiezan a notar con el correr de las horas, los días y pronto serán los meses.

Sin embargo, hay un lugar muy convocante y movilizador para mí que no está más: Ya no podré desempeñarme como “De frentista” del club dueño de mi pasión, Huracán. El Globo de Parque de los Patricios. No más columnas de hincha/periodista en las que reflejaba (intentaba, por supuesto) el pensar de ustedes y mío. Reflexionaba y analizaba, cuando la sangre lo permitía, el ir y venir, el paso a pie firme o en falso del Globo. Ascensos y Descensos. Las Copas Nacionales. Las Internacionales. Huracán tenía la voz de ustedes (no de todos, porque resulta imposible cumplir con los mandatos de unos y otros) hecha columna. Hecha palabra. Plasmada y con llegada a sus manos, ojos, oídos. Eso no sucederá de la manera como los acostumbré y me acostumbré también. No pasaba por escribir por escribir como si apoyara a repetición los dedos sobre las teclas sin importar. No. Escribir sobre Huracán (y en general para mi esencia) era pensar. Entender. Ponerse en el lugar del hincha. Caliente, claro. Ubicarse como ustedes en la Alcorta, Luna o la Miravé. Ser. Testificar lo que pasó con una mirada crítica bondadosa o categórica.

Me han cerrado ese espacio. Se me abrirá otro, supongo, creo, me esperanzo. Seguiré siendo parte de estos colores porque eso no se discute ni se abandona. El tiempo ese que se detuvo dejó como último grito la columna del diario del Lunes 15 de abril pasado: “A lo cara pintada”. Y quiso el orden de las cosas, que fuera sobre el Clásico de barrio más grande del Mundo.

Este viernes 17 de mayo fue el primer aniversario agrio de esa noticia nefasta, indeseable.

Gracias al Departamento de Prensa del club y a la Dirigencia por permitirme expresar este pasar y pesar.

¡Vamos, Quemero!

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