#HistoriaQuemera Homenaje a Ramón Mutis

De 12 (de marzo; 1899) a 12 (de enero; 1955), siendo un cuadro real de los primeros salones de esplendor patrio, vivió Ramón Alfredo Mutis. Como mucho supo de basar, asimismo edificó, antes, los cimientos de gloria quemera.

Tenía una labia entrecortada que le valió los motes amistosos de «Tartamudo» y «Metralleta», pero él, ciertamente, hablaba en la cancha. Y con su sola presencia ya decía mucho: era un total macizo de musculatura, grande y empoderado. Por eso, también tan enérgicamente plasmado en su jugar, es conocido como «el Fuerte». Útiles dotes de cara a cumplir el rol de back izquierdo, dentro de la formación «piramidal invertida» que ofrecía una línea de dos ante ataques de a cinco. Es comprensible su rápida escalada que lo llevó de los pies del club Wanderers en 1919, al paso por Atlanta de 1920 y la cima de Huracán, en el mediar de aquel año.

En el Globo, tanto pisar tenía que pudo competir y compartir puesto con Agustín Alberti (hermano de Jorge, «el Señor de las Presencias» de la casa), ya consagrado, y Juan Pratto, en las entradas de su altamente exitosa carrera de huracanense más campeón de todos los tiempos (junto a Chiesa): hasta se pudo ver el dúo Mutis-Pratto, un combo súper explosivo de dos exponentes de equipos duramente emparejados por toda la década que comenzaba. Pero, previamente, su debut como Patricio del Parque fue el domingo 13 de junio, al lado de Agustín Sisca. Al término del Campeonato, el elenco ranero bajo su defensa quedó segundo, en lo que fue su primer subcampeonato y las albas de la «Década de Oro», coronada por vez primera so su huella campeona: fue una de las claves de la Copa Estímulo 1920, la primera estrella huracanada; la primera en su haber personal.

Tras ese pasar, tan efímero y tan eterno a la vez, volvió a Atlanta (1921-1922) y arribó precisamente a Boca en 1923 y en medio de lo que era una guerra de oro contra su ex hogar blanco y rojo con sombra de antaño verde, que representaba una suerte de superclásico de ese ayer. Allí conformó una dupla increíble complementado con Ludovico Bidoglio (de juego más pulcro y elegante, y menos potente, recio y temerario); la mejor del decenio junto a la central huracanense, Pratto-Nóbile. Con la ribera como franja, hasta 1934 disputó más de doscientas partidas, la famosa gira por Europa de 1925, y campeonó nueve veces (Campeonatos de Primera División 1923, 1924, 1926, 1930 y 1931; las Copas Ibarguren 1923 y 1924; la Copa Competencia Jockey Club 1925; y su ya conocida y lograda en el aerostato de Newbery, Copa Estímulo 1926), convirtiéndose en uno de los máximos ídolos históricos y en uno de los defensores xeneizes más campeones. En paralelo, lució con honor y esmero los bastones albicelestes de la Selección Argentina: conquistó América en la Copa de 1925, participó en la de la edición siguiente (1926), y quedó a un «nada» del triunfo en el Mundial de 1930 (el primero), al lado de Guillermo Stábile, el Messi de ese certamen y su mejor rival.

Después de dos temporadas sin actividad, en 1936 fue la figura de Argentinos Juniors y cerró camino de futbolista en Almagro, en 1937, para abrir el de entrenador en dicho club la misma añada y sólo esa añada, y dirigir al «Bicho» durante 1940.

Por estos días revisionistas, La Quema celebra a uno de los mejores jugadores de los años 20′, cuando el fútbol rioplatense dominaba la escena. También, ese quemero campeón pionero.

Gonzalo Hernán Minici

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