#HistoriaQuemera Bernabé Ferreyra en el Globo

«Seré un Baldonedo, un Martino, un Boyé; dicen los muchachos de Oeste Argentino que tengo más tiro que el gran Bernabé». El detalle resulta irrevocable: de aquella frase tan balompédica y tanguera, se desprende la conjugación de tres quemeros: Emilio Baldonedo, tan propio; Mario Boyé, que en 1954 regaló destellos de su magia en La Quema, y Bernabé Ferreyra, otro histórico por sobre los colores y calendarios que, pese a que pocos lo sepan, se supo arropar con la camiseta huracanada.

Nacido el 12 de febrero de 1909, Ferreyra fue conocido como «el Mortero de Rufino», en una suerte de semejanza con Masantonio, «el Mortero de Ensenada» o «del Globito». Auténtico crack, con más de doscientos goles, es uno de los principales artilleros del fútbol argentino y posee un registro para el pasmo: cuenta la IFFHS que señaló 232 gritos en 228 juegos oficiales entre 1929 y 1939 y es, con 1,02 tantos por cotejo, el número doce en la lista de los máximos goleadores por promedio de todos los tiempos (primero de los argentinos) y uno de los únicos quince en tener más anotaciones que disputas.

Atado a Huracán desde su inicio casi sin querer, se inició en un club Jorge Newbery (quien fuera el Presidente Honorario del Globo): el de Rufino. El 12 de septiembre de 1926 debutó en Newell’s donde jugó tres partidos en mayores. Se mudó a Junín y pasó al Club Atlético Buenos Aires al Pacífico y a Sarmiento, para luego mudar talento a Talleres de Remedios de Escalada en 1927 y regresar a Junín hasta 1929. Ese año fue a Tigre, donde comenzó a hacer gala de sus aptitudes. Y, finalmente, en 1932 recaló en River, donde aplicó hasta su retiro (1939) cubriendo al entero orbe del arte de los gajos pentagonales (en ese ayer, pesado tiento) so su manto de gloria. Lo apodaron «La Fiera». También, «Cañonero», «Romperedes» y «Balazo»: la mayoría de sus goles fueron anotados desde treinta metros. Le pegaba tan fuerte, que llegó a desmayar a al menos tres arqueros y a uno, que le atajó un penal, le quebró las dos muñecas. Fue el goleador de 1932 con 43 goles y, para los millonarios, logró los Campeonatos de 1932 y 1937, la Copa de Competencia de 1932, la Campeonato 1936, la de Oro 1936, la Ibarguren 1937 y dos Aldao («Río de la Plata»), en 1936 y 1937. Asimismo, lució bastones patrios en el Sudamericano de 1937, donde campeonó.

Un tango fue escrito en su honor, actuó en cuatro películas de pantalla grande y una calle de Rufino lleva su nombre. Tuvo encuentros con el presidente Agustín Justo y Carlos Gardel. Cuentan que revolucionó una época: la gente iba a verlo exclusivamente a él.

Y, como no podría haber sido de otra manera, éste cíclope con botines pasó por Patricios, tierra de cracks: para finales de 1930, cuando se estaba por decidir el futuro profesional del fútbol argentino, los huracanenses, que resultaron los rioplatenses más campeones de los años veinte junto a Boca (de Argentina), Nacional y Peñarol (de Uruguay), con toda su fama emprendieron una histórica gira por Brasil. Como sucedió con el caso Boca y su aventura europea de 1925, los raneros se reforzaron con jugadores de otros clubes. Entre otros, Bernabé fue cedido a préstamo desde Victoria en forma gratuita para afrontar el viaje en representación del balompié nacional. Y fue sensación: tuvo el estrambótico récord de lograr 11 marcaciones en 8 emparejamientos, lo que arroja una media goleadora de 1,375, una de las más altas de la historia quemera y del deporte todo.

Gozalo Hernán Minici

Noticias Relacionadas