#HistoriaQuemera: Homenaje a Juan Pratto

Si en Huracán hubo un defensor que supo de gloria, ese fue Juan Fernando Pratto, que tuvo nacer el 6 de junio de 1903. La historia lo pondera máximo campeón quemero.

«Negro» era su apodo. Blanca, su camiseta; rojo, su escudo. Dorada su trayectoria. Fue el back izquierdo de la entera «Década de Oro» huracanense. Debutó en Primera en 1920 y bajo el brazo llevó la primera consagración del Globo. Trabajó aliado y al lado del italiano Carlos Nóbile, con quien compuso la dupla defensiva más triunfal del Parque de los Patricios. Sin embargo, aventajó al extranjero más ganador por un lauro: conquistó los cuatro Campeonatos (1921, 1922, 1925 y 1928) y las tres copas nacionales (Estímulo 1920 e Ibarguren 1922 y 1925) de la década del 20′, cuando Huracán, Boca, Peñarol y Nacional, fueron los clubes más campeones del fútbol rioplatense (en entonces, el mejor del mundo); junto a Chiesa, ambos con siete «Estrellas», es el jugador más constelado que La Quema tuvo en sus honores.

Fuerte y perspicaz, era el último escudo en amparo de la valla guarecida por Bagnera, Kiessel, Ceresetto, Negro y, en ocasiones, Marmo. Gran faena en el contexto de la formación «piramidal invertida» como modelo (arquero, dos defensas, tres mediocampistas y cinco delanteros) que este enfaenado cumplió grandemente: Huracán, además de poseer una singular genialidad creativa y goleadora, era una muralla china que durante cuatro añadas mantuvo un increíble invicto local. No obstante, Pratto no era sólo armadura: también blandía la espada de su certero remate. Egregio resultó el gol de tiro libre, desde la inverosímil distancia de treinta metros, con el que dio caída al legendario arquero español por excelencia Ricardo Zamora. Seguramente, el más magno de sus 7 gritos en 214 emparejamientos.

Internacionalmente argentino so manto huracanado en 1923, tras el fin del decenio emigró al Genoa (Italia) junto con Stábile y Spósito, donde jugó seis años (1930-1936). Luego de un partido a beneficio, encontró descanso el 9 de julio de 1939 a manos de un ataque a su corazón. Empero, por todo, latirá siempre en el de Huracán.

Gonzalo Hernán Minici

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